lunes, 24 de octubre de 2016

BUITRES EN LAS HOCES DEL DURATÓN

Este fin de semana lo hemos pasado en la estupenda compañía de buenos amigos y sus hijos en una casa rural maravillosa, Los Lebreles Namasté, muy cerca de las Hoces del Duratón. El tiempo pintaba mal, aunque al final no fue para tanto, y nos pudimos acercar a la Ermita de San Frutos, desde donde las vistas son impresionantes.

Hoz del Duratón donde se ubica la Ermita de San Frutos
En los cortados que el río ha labrado se asienta una de las mayores colonias de buitres leonados (Gyps fulvus) de Europa y es casi imposible no verlos bastante cerca.

Grupo de buitres posado en el borde del acantilado, los buitres adultos con plumaje más claro
Algunos se continúan posando en los nidos, aunque ya ha acabado la época reproductora
También llamó la atención de los niños la multitud de quitameriendas (Merendera montana). A los más grandecitos les conté que el nombre de esa bonita flor viene de que suelen salir con las primeras lluvias y fríos de otoño, es decir, cuando se acaban las meriendas en el campo.

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El domingo, nos acercamos a Sepúlveda, donde el Duratón empieza a excavar sus hoces, allí es tan estrecho y las aguas aún corren sin que nada las embalse, y aunque no se ven, sí se ve el cauce flanqueado por álamos y chopos, que ahora empiezan a tornarse amarillos. 

Desde el mirador de la Virgen de la Peña una de las primeras hoces del Duratón
  

lunes, 17 de octubre de 2016

COLLALBAS, MOSQUITEROS, RATONERO Y PUESTA DE LIBÉLULAS

Por fin ha llegado el otoño y ya no hace darse madrugones para disfrutar del campo sin achicharrarse. Además ya puedo ir acompañado, y el sábado por la tarde nos dimos un paseo por el camino de Corpa. Aunque ya hay aves de las invernantes, como bisbitas, aún queda alguna de las que está de camino a África como alguna collalba gris (Oenanthe oenanthe).

Las collalbas son muy aficionadas a posarse sobre posaderos elevados

No hubo mucha oportunidad de fotografiar muchos pájaros, pero por fortuna sigue dando resultado revisar los majanos por si en alguno hay alguna piedra con forma de mochuelo (Athene noctua).

Al atardecer nunca hay que dejar los majanos sin revisar.

El domingo por la mañana, mientras la pequeña echaba una siesta, me di una vuelta con la bici por el camino a Guadalajara. Además de algún cernícalo, un ratonero (Buteo buteo) cicleó a muy baja altura sobre mi.

Ratonero en pleno giro, mostrando un plumaje juvenil: pecho listado en vez de barrado y sin línea terminal oscura en la cola

Aunque había llovido unos días antes, no había muchos charcos, así que me oculté junto a un manantial por si tenía la oportunidad de fotografiar aves que se acercasen a beber. No mucho movimiento la verdad, y además los que se acercaron eran de los inquietos.

Curruca cabecinegra macho (Sylvia melanocephala)
Mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) otra de las aves aún en paso

Mientras permanecí escondido, a escasos dos metros de mí, unas ratas de agua (Arvicola sapidus) se dedicaron a rehacer sus galerías entre las hierbas. Creo que las había pisado al llegar y ellas siempre quieren mantener sus galerías despejadas para poder huir en caso de un ataque de un depredador.

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Finalmente me levanté y antes de irme me entretuve viendo varias parejas de libélulas del género Sympetrum volando en tándem mientras ponían huevos en el agua. 

El macho, de color rojo, sujeta con unos apéndices de su cola a la hembra por detrás de la cabeza

La hembra, aún sujeta por el macho, pone los huevos sobre la vegetación acuática. Antes de todo esto el macho había fecundado los huevos cuando la hembra dobla su abdomen para contactar con los órganos reproductores masculinos, algo que no pude ver.

En este vídeo se pude ver el proceso de puesta, y la gran velocidad a la que sucede.

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domingo, 9 de octubre de 2016

GARZA REAL PERDIDA Y CORZO AL ESCONDITE

Parece que no acaba nunca este verano, pero la verdad es que ya se nota la presencia de algunas aves invernantes, y la ausencia de las estivales. Hay por tanto mucho movimiento, y uno puede encontrarse casi cualquier cosa. El domingo, tuve uno de esos encuentros raros, y es que en el lavadero me sorprendió una garza real (Ardea cinerea). Seguramente divagaba por la zona y para pasar la noche buscó algo de agua por si había algún pez o rana para desayunar. Al verme, se levantó, pero igualmente iba a empezar la mañana en ayunas.

Garza real al amanecer
Como siempre, madrugar ayuda a ver mamíferos, y a unos 50 metros un corzo (Capreolus capreolus) avanzaba siguiendo la dirección de una ribera. Él no me vio, y yo sólo pude ver su cabeza y parte de su grupa, pues la hierba alta prácticamente le tapaba. Al final, desapareció en el carrizo.

En el centro de la imagen, una oreja, un ojo y el hocico de un corzo
A pesar de la sequía, del calor y de que aún no ha sido el día del Pilar, ya había cazadores, así que sin mucha esperanza de ver pájaros me centré en algunos artrópodos mientras volvía a casa.

Argiope lobata un tipo de araña lobo de gran tamaño
A contra luz se observa el diseño de su gran tela de araña
Saltamontes de alas rojas (Oedipoda germanica?)
Al fina algún pajarillo se dejó ver...

Tarabilla común (Saxicola torquata) sobre una cardencha
Acabo con una foto de hace una semana, cuando hay poca luz y no te apoyas en nada, es casi imposible que no te salga la foto movida, aunque a veces eso tiene su encanto.


Anochecer en Santorcaz

martes, 4 de octubre de 2016

CORZOS Y CARBONEROS

Incluso en fiestas es posible sacar un rato por la mañana para ir al campo, y una mañana me fui un par de horas. Si unos días antes, las escamas dominaban, ese día fue el pelo. Parece que las plumas se resisten.
El caso es que a lo lejos vi tres corzos (Capreolus capreolus) pastando en un rastrojo. Estuve viéndolos un rato ya que no había nadie por el campo. Era una hembra con un par de corcinos ya muy crecidos. Tal vez sea una de las familias que he visto otras veces.

Sin alejarse del todo del monte cada un pastaba por su lado
Más cerca se aprecia que los corzos ya son casi tan grandes como su madre
Tranquilos, en algún momento ninguno vigilaba

Se me hizo la hora y debía volver a casa precisamente por la zona en la que estaban ellos. Tenía el viento de cara y el sol a la espalda así que confiaba en poder acercarme a ellos y poder sorprenderlos. Fue en vano, cuando los volví a ver, ya estaba la madre en alerta y con las orejas dirigidas hacia mí. Los corcinos salieron corriendo juntos y cuando ya estaban fuera de mi vista llegó su turno y en un pis pas ya había pasado un cerro.

Tras un tramo de carrera casi siempre se paran a mirar si el peligro ha pasado
Antes de desaparecer en el monte echaron un último vistazo
Con las crías ya a salvo, la hembra huyo junto a ellos y como siempre,
comprobó que el peligro no la seguía

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Al final, algunos pájaros se apiadaron de mí y se mantuvieron cerca y tranquilos: un par de carboneros (Parus major).


En las ramas bajas de un pino los carboneros buscaban insectos



Con los colores muy vivos, estaba claro que ambos individuos son adultos