domingo, 26 de marzo de 2017

UN CUENTO

Este fin de semana no hemos salido al campo, pero vengo a compartir un relato corto con el que participé en el I Certamen de Narrativa del Parque Nacional de Guadarrama. Es la primera vez que escribo un relato como tal, lo aderezo con algunas fotografías, espero que os guste:

ERA POSIBLE

No es posible. Y lo que no es posible, es imposible. Llevaba lo necesario para conseguirlo y estaba en el lugar adecuado. Había llegado hasta donde los árboles no consiguen crecer y ante sí tenía kilómetros de las mejores vistas posibles. Pero, ¡cómo lograrlo!

Para empezar, llevaba en sus piernas varias horas de duro ascenso y allí arriba el aire era más puro que en cualquier otro lugar de los alrededores, por lo que era una invitación a tomarse un respiro. Además, la luz era más intensa de a lo que estaba habituado, y es que aunque se trate de una montaña modesta, en todas ellas, siempre se está un poco más cerca del cielo. Esa luz, se multiplicaba en millones de destellos amarillos, porque los piornos en flor lo inundaban todo, derramándose por las laderas hasta donde los pinos volvían a dominar. La luz, hizo entrecerrar sus ojos y el cansancio hizo que buscase un lugar donde reposar.
Pechiazul (Luscinia svecia) sobre un piorno en flor
No era, ni mucho menos, un sillón de orejas, pero la erosión había tallado ese afloramiento de gneises de una forma más o menos ergonómica, así que se recostó a respirar ese aire y a disfrutar de ese paisaje que casi le hería las pupilas. Sabía de la antigüedad de esas rocas, de su historia geológica, una de las más dilatadas de las que podemos encontrar en Iberia. Por otra parte, su ojo experto, era capaz de identificar otros rasgos geológicos mucho más recientes, aunque no menos interesantes: donde parecía que sólo había montones de piedras y ondulaciones distribuidas al azar, podía distinguir morrenas, bloques erráticos y el perímetro del circo glaciar que, cubierto por toneladas de hielo, ocupó el espacio no hace tantos miles de años. Pero no, ese enorme lapso de tiempo tampoco era suficiente para hacer volar su imaginación y proporcionarle lo que buscaba.

Circo de Peñalara con morrenas al fondo y bloques sueltos
Casi no había reparado en ello, pero así, más cómodo y recuperado el aliento, percibió el rumor del agua corriendo por los regatos. Aún quedaba algo de nieve allá arriba, así que esa agua impetuosa también le hizo ser consciente del largo viaje que tenía por delante. Sería domesticada, saciaría la sed de muchos y en su camino hasta el Atlántico bañaría las riberas de otros parques nacionales y naturales. Pero no toda el agua llevaba prisa, y aquí y allá se desparramaba y tranquilizaba, aunque sólo fuera por unos instantes. Pero ni la disyuntiva entre la prisa y la pausa le evocaban mucho más.

Laberinto de agua
En aquel momento, se escuchó. Por encima del rumor del agua, se oyó un sapo croar. Entonces recordó los grandes esfuerzos hechos para proteger a esos pequeños seres que se arrastran entre la tierra y el agua. Sabía de la enorme diversidad e importancia de sus poblaciones en la zona, amenazadas por infecciones, el dichoso cambio climático, la introducción de especies alóctonas y en definitiva, casi todos los males que pueden amenazar a una especie. Pero allí arriba estos héroes, húmedos y fríos, luchaban contra todo por sobrevivir y agradecían los estudios y trabajos realizados para reforzar sus menguadas poblaciones. Ellos dirían que no eran héroes, que sólo sobrevivían como podían, pero ni siquiera esa historia de humildad y superación era capaz de hacer posible lo que allí había ido a buscar.
Sapos corredores (Bufo calamita) copulando
Se dio cuenta de que, a pesar de la modorra, aún no había cerrado los ojos, porque un reflejo fugaz pasó por delante de sus narices. Con sólo unos segundos a la vista, esas grandes alas, y a esa altura, sólo podían ser de una apolo. Enseguida recordó que esas mariposas, incluso con su gran envergadura, habían quedado aisladas en esas montañas, como si de islas se trataran. Sabía que el aislamiento las hacía únicas, sutilmente diferentes a todas las demás, y que sobre esa historia de divergencia evolutiva, tal vez podía hacer posible su idea.
Mariposa apolo (Parnassius apollo)
Tal vez cerrando los ojos lo conseguiría, pero eso no hizo sino empeorarlo. De repente, el resto de los sentidos se agudizaron aún más. Fue en aquel instante cuando se percató de la intensidad de los olores que le rodeaban: el olor de la hierba, el perfume de las flores y hasta el tufo dulzón de las boñigas. Por encima del croar de los sapos se escuchaban más sonidos aún: el melodioso canto del pechiazul, con su garganta de color azul aún más intenso que el mismo cielo, la áspera estridulación de la chicharra de montaña, las caóticas vocalizaciones de las chovas, y así hasta un sinfín de sonidos que hacían imposible el cometido propuesto. 

Chicharra serrana Lluciapomaris stalli
Incluso con los ojos cerrados, pudo notar la sombra que se interpuso entre él y el sol. No podía ser otra cosa que un enorme buitre negro, ya que nada había más grande en esos cielos. Una gran colonia criaba a poca distancia, allí donde los más grandes árboles sobresalen como mástiles en un astillero. También ahí había algo casi único, pues los libros y guías siempre hablan de dehesas y bosques mediterráneos cuando a buitres negros se refieren, pero en los pinares serranos del Lozoya viven tan felices. Por si acaso, decidió desperezarse un poco, pues aunque sabía de su poca capacidad predatoria, no quiso parecer demasiado quieto ante esos casi dos metros y medio de plumas, pico y garras.

Buitre negro (Aegypius monachus)
Volviendo en sí, se dio cuenta de que el sol pronto ya se ocultaría tras las montañas hermanas de la que se encontraba. Aún tenía que desandar el camino y frustrado, recordó que ni siquiera había sacado las herramientas con las que había cargado hasta allá arriba, no pesaban mucho, la verdad, pero fastidia no cumplir los propósitos que uno se impone. No quedaba otro remedio que volver, e intentarlo de nuevo otro día a ver si era posible lo que no había podido hacer. 

Ensimismado y distraído, porque siempre el camino de vuelta, es menos estimulante que el de ida, se vaya a donde se vaya, el susto fue mayúsculo. De nuevo una visión fugaz, medida en segundos, y sin capacidad de reacción, pero aún sin haberlo visto nunca antes, no dudó en saber que lo que se le había cruzado, no era un ungulado, o ni siquiera un perro. No, así sólo se puede mover quien se mueve entre las sombras, quien es obligado a ser furtivo en la vida, quien debe saber desaparecer para acechar a sus presas o para huir del rifle asesino. Por si acaso, para que no le quedase ninguna duda, el animal, durante un segundo interrumpió su trote, giró la cabeza y cruzó su mirada con su sorprendido observador y, antes de seguir su camino, le dejó claro que sí, que era un lobo, que habían estado ausentes varias décadas, pero que habían vuelto para reclamar lo que nunca habían perdido de todo. El corazón volvió a bombear sangre hasta su cerebro y recuperó la realidad de la que se había ausentado ante la visión de ese ser mítico y ancestral. Pero aún así, tras toparse con uno de los pocos animales capaz de causar esa sensación a cualquier ser humano, la oscuridad, el frío, la prisa por regresar, y por qué no, el miedo, hacían imposible sacar el cuaderno y el lapicero, para escribir un relato sobre el Parque Nacional de Guadarrama.
En el bosque se encuentran los miedos del hombre
Y es que por unas cosas o por otras, decidió que no es posible, que era imposible cumplir su cometido. Que por más cerca de piornos, sapos, chicharras, pechiazules, apolos, chovas, buitres, gneises, morrenas, lobos y demás, es imposible escribir un relato con entre tres y cinco páginas sobre el Parque Nacional de Guadarrama. Es imposible escribirlo allí, porque allí hay que disfrutar y sentir, y son demasiadas las historias que se agolpan para ser contadas a la vez.  Ya probaría a ver si en el sofá de su casa era posible.

FIN





domingo, 19 de marzo de 2017

PÁJAROS CANTORES Y GAVILÁN

Muy buen tiempo ha hecho este puente y la verdad es que hemos tomado bastante el sol. El sábado tocó por Tamajón, con amigos, pero allí no hice fotos. Hoy domingo, ya en Santorcaz, hemos hecho como el fin de semana anterior: he madrugado yo sólo, luego todos en bici por los caminos, y por la tarde otro paseíto corto.
Al amanecer, es una gozada esta época, porque todos los pequeños pájaros se pasan un buen rato cantando, y es que los machos buscan pareja desesperadamente. Además, también lucen sus mejores galas, así que el espectáculo está garantizado.

Un precioso verdecillo (Serinus serinus) hincha el pecho para soltar sus estrofas
En lo alto de un almendro, un pardillo (Carduelis cannabina) también cantaba
Y en el siguiente almendro, un jilguero (Carduelis carduelis) hacía lo mismo
Una golondrina (Hirundo rustica)descansaba en un cable
Un colorido herrerillo común (Cyanistes caeruleus)
Siempre medio escondidos, puede ver un picogordo (Coccothraustes c.)
Y también en el mismo olmo, cantaba un petirrojo (Erithacus rubecula)
Acabé el paseo un tanto cabreado al ver como sistemáticamente se gasta dinero en envenenar una gran superficie sin necesidad. Luego nos preguntamos por qué hay tanto cáncer, enfermedades autoinmunes, alergias, problemas de fertilidad, etc. Echar un veneno tan fuerte en algo que pretende ser un parque no creo que esté justificado.

Desolador
En fin... después de un pequeño descanso, con la bici y la pequeña en la sillita no es tan fácil ver pájaros... y fotografiarlos. Aún así, me he topado con un par de collalbas grises (Oenanthe oenanthe), y el macho se ha dejado fotografiar. En estos días habrá muchas más en camino hacia el Norte.

Las collalbas casi siempre se posan en lugares prominentes
Por la tarde no teníamos mucha intención de ver aves, pero con la cámara a cuestas, siempre te puedes topar con alguna cosa interesante, o con un bonito atardecer.

Un gavilán (Accipiter nisus) vuela con algo en las patas
Una mariposa ortiguera (Aglais urticae) tomando el sol
Atardecer con el cerro del Viso en la penunmbra

domingo, 12 de marzo de 2017

AGUILUCHO PÁLIDO Y AVUTARDAS

No hemos dejado escapar el buen tiempo de este fin de semana, el sábado primero yo sólo y después en familia, y el domingo todos juntos, también hemos salido al campo. Andando, en bici o con carrito, lo hemos disfrutado de varias formas.
Además esta vez no sólo he ido por cerros, también ha tocado la zona de páramo y claro, eso se ha notado en algunas especies no habituales en este blog. De hecho, empiezo por una que nunca había fotografiado, el aguilucho pálido (Circus cyaneus), un aguilucho que no cría en Santorcaz, pero que en invierno y en paso es posible ver. Además fue un macho con plumaje de adulto, un ave verdaderamente magnífica.

Inconfundible, tal vez sólo con el aguilucho cenizo, los machos son muy claros
Como he dicho, hubo suerte en el páramo y las especies, unas más lejos y otras más cercas, se dejaron fotografiar.

Los almendros ponen la nota de color en marzo,
lo que no se puede expresar en el blog, es su olor
Pude ver dos avutardas (Otis tarda) en una época muy interesante
También vi una pareja de alcaudones reales meridionales (Lanius meridionalis)
En todo caso, el rey del páramo es el triguero (Emberiza calandra)
aún abundantes a pesar de tanto pesticida
Después pasé al monte, y algunas pequeñas aves también se dejaron ver.

Cogujada montesina (Galerida theklae)
Macho de curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala)
Tarabilla común (Saxicola torquata)
Cuando ya volvía, me entretuve con un trío de ratoneros (Buteo buteo) aunque sólo pude fotografiar a la vez a dos de ellos. No sé si serían una pareja expulsando a un soltero, un trío, unos hermanos... estaban muy lejos para ver sus edades.

Dos de los ratoneros cicleando juntos
Y después, con las chicas, e incluso con la bici, también pude ver alguna rapaz, ambas carroñeras, buscando algún animal muerto. 

Buitre leonado (Gyps fulvus)

Milano real (Milvus milvus)

lunes, 6 de marzo de 2017

MADRID RÍO... Y FRÍO III

Este fin de semana ha tocado quedarnos en Madrid, y aunque el domingo amaneció nublado y fresco, nos fuimos a pasear por Madrid Río, que hace mucho tiempo que no lo visitábamos. Y tenía ganas, porque quería ver cómo va evolucionando el Manzanares tras el proceso de naturalización puesto en marcha por el Ayuntamiento. Este proceso, consiste básicamente en dejar de embalsar el agua, y que en vez de un rosario de estanques con agua parada y maloliente, ahora sea algo más parecido a un río "normal". Ahora hay islas de arena, riberas cubiertas de vegetación, algún remanso y zonas de aguas más agitadas. En mi opinión, esto no sólo ha mejorado la calidad del agua, sino que proporcionará mucho más refugio a la fauna, sobre todo a las aves. Aún queda que dejar paso a la sucesión natural pero ya se ven algunos efectos.

En las islas y aguas someras las parejas de azulones (Anas platyrhynchos
encontrarán sitio donde criar y alimentarse

De hecho, las hembras debían estar ocultas con sus polladas, 
porque casi todos los que se veían eran machos

Los cormoranes (Phalacrocorax carbo) pueden verse perjudicados por las aguas más someras
pero aún se veían enormes carpas en las zonas más profundas 

Detalle del plumaje de un adulto con plumaje nupcial...

... en contraste con un juvenil. En esta imagen, un experto en sus patrones de plumaje puede calcular con precisión su edad, pues se ven cuántas plumas ha conservado de anteriores plumajes por su menor brillo

Otras de las grandes beneficiadas serán las gallinetas (Gallinula chloropus)

Ese día no había muchas gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus)...

... ni tampoco las más grandes, gaviotas sombrías (Larus fuscus)

En las praderas de césped y choperas estaban muy cantarines los pitos reales (Picus sharpei). Son curiosos estos pájaros carpinteros, que buscan sus inverebrados en el suelo, en lugar de en las cortezas de los árboles
video

Y bueno, tras este repaso de algunas de las aves que son más fáciles de ver, acabo con una visión de lo que es el río, con sus islas y riberas ya formadas, algo parecido a lo que se previó y se dejó reflejado mediante infografías.

El agua discurre creando islas de vegetación y arena, creando nuevos hábitats 

En poco tiempo, carrizales, junqueras y saucedas serán el hábitat de garzas, 
ruiseñores bastardos, carriceros, ranas, libélulas y multitud de otros animales