domingo, 23 de noviembre de 2014

MÁS COLORES PARA UN DÍA DE OTOÑO-PRIMAVERA

En un cálido día otoñal, hemos vuelto a Santorcaz luego de varias semanas de ausencia. La verdad es que el paseo fue muy agradable, el campo está reverdeciendo... pero en lo pajaril fue muy tranquilo.

Los primeros que nos saludaron fueron un grupo de pardillos comunes (Carduelis cannabina) subidos a lo alto de un almendro puntiseco.

Pardillo común juvenil o hembra
En un pequeño quejigal de camino a Anchuelo escuchamos el canto de varios verdecillos (Serinus serinus), otro pajarillo cantor. que con el calorcillo se sentía como si fuese abril.

Verdecillo macho cantando
Seguimos subiendo y bajando cerros y nos entretuvimos un rato en juguetear con pepinillos del diablo (Ecbalium elaterium), ya que unas semanas antes se los enseñamos al hijo de unos amigos que se quedó estupefacto con la explosión del fruto de esta planta.

Fruto del pepinillo del diablo en el que en su interior se guardan semillas inmersas en un líquido a gran presión que ante cualquier roce estalla y las lanza a gran distancia
Semillas en los alrededores de la planta,
brillantes porque además tienen una mucosa pegajosa.
 En el vídeo siguiente, la cámara ni siquiera puede grabar 
hacia dónde van las semillas por la velocidad de la explosión

video

En las hojas de la planta había una mariquita de una especie que no es la habitual.

Epilachna chrysomelina
Donde más nos entretuvimos fue en los alrededores de un manantial al que muchos pajarillos bajaban a bañarse. Tras el chapuzón, algunos se desprendían del agua del plumaje en algún rosal o zarzal, y durante unos segundos, era posible fotografiarlos.

Gorrión moruno (Passer hispaniolensis), el gorrión más escaso en Santorcaz

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus)

Petirrojo (Erithacus rubecula)
Rondando esta abundancia de carne emplumada, pasó un gavilán (Accipiter nisus) y en seguida se hizo el silencio.

Gavián, el gran depredador forestal de pequeñas aves
Y ya el día no dio para mucho más, salvo para anotar los intensos colores del otoño, que si bien en Santorcaz no son tan espectaculares como los hayedos de hace quince días, también algunos elementos vegetales despuntan aquí y allá emulando los fogonazos de color que se ven en bosques más norteños.

Zumaque (Rhus coriaria) entre espartos 

Álamos negros (Populus nigra)

martes, 11 de noviembre de 2014

BOSQUE Y MONTAÑA DE COLORINES

Este puente en la ciudad de Madrid, lo hemos pasado con amigos en Bijuesca, en la provincia de Zaragoza. Hemos disfrutado de una buena compañía en todo momento, por lo que el acercamiento a la fauna ha sido difícil, aunque los paisajes si que han permanecido a tiro de mi cámara.

El primer día lo pasamos por el Moncayo, una enorme mole que alberga varias formaciones de árboles en función de la altitud. En estos días, los hayedos, muestran una enorme variedad de colores y en uno de ellos disfrutamos de la policromía del otoño.

Desde fuera, el bosque de hayas (Fagus sylvatica) asciende por las laderas, ocupando una franja por encima del roble, y por debajo de la roca desnuda o lo pinares de pino silvestre
En el interior, aparece con el suelo cubierto de las hojas que ya han caído
En detalle, se observa toda la gama cromática que va del verde al naranja
Necesitadas de humedad, en los hayedos, el musgo pronto cubre las rocas
Sólo en gleras y canchales o, ya a muy altura, el haya no consigue prosperar
En esta época, y en un grupo numeroso es difícil descubrir a la fauna que se refugia en estos bosques, pero los niños del grupo, se quedaron encantados viendo a una gran cantidad de escarabajos peloteros, alguno de ellos haciendo lo que les da el apellido.

Escarabajo pelotero (Geotrupes stercorarius) a punto de empujar su pelota de estiércol, en la que depositará sus huevos tras enterrarla
También, los arbustos de la zona, ponían su nota de color.

Frutos de bonetero (Euonymus europaeus)
Acebo (Ilex aquifolium)
Frutos y hojas de cornejo (Cornus sanguinea)
Frutos de dulcamara (Solanum dulcamara)
Al atardecer, subimos al Santuario del Moncayo, donde el frío aire hacía que las nubes se arremolinasen alrededor de la montaña.

Vista desde el Santuario del Moncayo al anochecer
Al día siguiente, disfrutamos de Bijuesca, que es donde nos alojábamos. Allí disfrutamos de una soleada mañana, que nos hizo apreciar en todo su esplendor la montaña de colorines, una curiosa formación de areniscas de colores poco habituales.

Montaña de colorines de Bijuesca, formación de arenisca de la facies del Keuper,
una división del Triásico
Los colores le vienen dado por la distinta cantidad y tipo de óxidos de hierro
"Cumbre" de la montaña de colorines 
En el propio pueblo, si que pude encontrar algunos elementos faunísticos a los que fotografiar:

Lúgano (Spinus spinus) un ave invernante
Buitre leonado (Gyps fulvus), rara era la vez en que no sobrevolasen el pueblo
Cuatro hormigas son capaces de arrastrar a una salamanquesa (Tarentola mauritanica) juvenil muerta

Y este es el resumen de la parte naturalística de este puente en Bijuesca donde aún nos quedaron muchas cosas por ver...

Castillo y Ermita de la Virgen del Castillo

domingo, 2 de noviembre de 2014

COLIRROJOS TIZONES, GRULLAS Y MANTIS

Hacía varias semanas que no nos acercábamos a Santorcaz y en este sábado de buen tiempo, pudimos sacar un par de horas para dar un paseo por el campo. La verdad es que se hace raro pasear en noviembre en manga corta y pisando polvo, pero esto permite ver aves invernantes como zorzales y bisbitas, a la vez que algunos insectos que aún se mantienen por el calor.

En seguida comprobamos lo segundo, y varias mariposas revoloteaban por las escasas plantas que aún ofrecen flores con néctar.

Colias crocea o mariposa amarilla libando en las flores de Hyssopus officinalis
Lo que más me llamó la atención fue la abundancia de colirrojos tizones (Phoenicurus ochruros). Debe ser que algunas aves norteñas se han venido al sur para pasar el invierno con algo más de calor.

De espaldas, se observa perfectamente la cola color teja en los extremos y negra en el centro 
De lado en un majuelo, también muestra la base de la cola de color rojizo
Haciendo ese viaje hacia el sur iba un pequeño grupo de grullas (Grus grus), a las que tras escuchar su trompeteo, y levantando la vista, pudimos ver. Eran siete individuos volando en formación a una relativa baja altura.

Grullas en formación
No tuve buena suerte en fotografiar a un azor adulto acosando a otro juvenil, que sólo pudo evitar sus ataques con piruetas increíbles, así que me tuve que conformar con fotografiar a otro depredador, aunque de menor alcurnia: 

Mantis religiosa o cerbatana, en este caso de color pardo
Detalle de sus pinzas, armadas con púas con las que captura a sus presas
Detalle de sus "antebrazos" que cuentan con unos ocelos que pueden asustar a otros pequeños depredadores al parecer dos ojos grandes.
Detalle de la cabeza, con dos grandes ojos compuestos para detectar a sus presas

Tras el paseo y con buena gana, dimos cuenta de un buen plato de migas caseras al que fuimos invitados ¡así da gusto volver al pueblo!